Estas son tan solo algunas de las preguntas que venían a mi cabeza cada vez que entraba al hospital. Venía a mí la sensación de que había algo más que podía hacer pero no sabía qué, cómo o quién podía ayudarme. Los médicos ofrecían apoyo psicológico, terapias emocionales y lo único que me importaba era conocer toda la información disponible y los recursos que tenía para enfrentar la situación y tomar la mejor decisión para poder sentirme tranquila y aliviada.

Me incomodaba formar parte de los grupos de apoyo tradicionales, rechazaba ver caras desconocidas, platicar las dudas y los sentimientos que no entendía. No quería jugar el rol de una víctima más del cáncer de mama.

Deseaba seguir con mi vida, con mis proyectos profesionales y personales. Sólo necesitaba que alguien me hiciera sentir segura de que las decisiones que tomaba eran las correctas para mí y para las personas que me acompañaban.

Decidí hacer todo lo que estuviera a mi alcance aunque no supiera por dónde empezar; en mis manos estaba mi vida. Así que antes de iniciar mis procesos de quimioterapia, me di un tiempo para organizarme y planear, debía prepararme para lo que venía, para lo que ya estaba iniciado y que no podía evitar

Estudié todas mis opciones y me di cuenta que todos los esfuerzos e información se enfocaban en la prevención del cáncer de mama, y era cierto que para muchas no era el momento de prevenir, sino de actuar, los esfuerzos y la información no apoyan a la mujer cuando ya está diagnosticada.

Las quimios iniciarían con el tratamiento físico y me di cuenta de la importancia de cuidar mi cuerpo y prepararlo para los fuertes medicamentos que ponían en riesgo la integridad de las demás células y órganos. Debía preparar mi mente, manejar mejor mis emociones para ser mucho más fuerte, comencé a trabajar conmigo misma; aceptar que lo que me estaba pasando era real para entonces darle la bienvenida.

Fui autodidacta en todo mi proceso, nadie me enseñó más de lo que pude descubrir yo misma y me siento orgullosa por los resultados…

Soy mujer como tú y soy dos veces sobreviviente del cáncer, soy feliz, plena y clara en los objetivos de mi vida, en mis prioridades y en mi sueños.

Disfruto la vida al máximo, logré sacar lo mejor de mí, y hoy soy la mejor versión de mi persona gracias al cáncer y a la forma en cómo lo enfrenté.

Quiero compartir contigo todo lo que aprendí en este duro y doloroso proceso, quiero que logres convertirte en esa mejor versión de ti misma, que estés segura, tranquila y con la confianza para enfrentar lo que viene.

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