El cambio más grande en tu vida


Y sí, la vida cambia cuando tienes cáncer de mama.Cambia tu agenda, cambian tus planes, cambian tus preocupaciones, el olor de todo.

Cambian tus pensamientos en el día, tus antojos, tu energía, tu concentración, tu productividad.

Cambian tus temores, tus sentimientos, tus más grandes anhelos, tu necesidad de abrazos, de cariños, de cuidados.

Y todo se vuelve cambio constante, como siempre lo ha sido, y empiezas a vivir día a día y momento a momento.

Frenas a fuerza, bajas la velocidad y te detienes. Y si aceptas sin cuestionar que esa es tu realidad, todo se acomoda, tu corazón perdona y tu mente descansa.

La enfermedad te obliga a vivir diferente y te hace aprender muchas cosas que seguro no veías antes.

Aprendes que eres vulnerable, que también a ti te puede pasar y que no estabas preparada para algo así. Y tomas grandes tragos de humildad para aceptar y para seguir.

Aprendes a valorar tu tiempo, tu energía y tus pasiones, esas que a veces dejas de hacer y pones de lado cuando siempre debieron estar primero.

Aprendes que no eres ni debiste ser un estereotipo “perfecto” de mujer, de mamá, de hija, de amiga, de ejecutiva, de esposa, de novia, de amante, de anfitriona, de profesionista… sino sólo ser tú, única, tal y como eres. Y eso está bien, así es, y es perfecto.

Aprendes que nada vale tanto como tener claras tus prioridades y ser congruente con ellas. Vivirlas, disfrutarlas, ajustarlas y seguir.

Aprendes a disfrutar los detalles, los silencios, el descanso profundo, las risas, la naturaleza.

Te das cuenta que sólo tienes el presente, que no sabes nada sobre el futuro y que por sobre todas las cosas, lo que nunca has tenido es el control de la vida. Porque ese no existe, no lo tenemos y nunca lo hemos tenido. Y si lo sueltas, te liberas y te das esa segunda oportunidad para verte y ver al mundo desde otra perspectiva, y ese, ese sí que es el cambio más grande en tu vida.


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