5 cosas que nadie te dice sobre de tu tratamiento de cáncer de mama




El hubiera no existe, pero cuando tienes cáncer de mama, todos los recursos son válidos e importantes.


Cuando inicié mi tratamiento no sabía qué esperar. Mis ganas de obtener más herramientas para superar el cáncer de mama me llevaron a estudiar e investigar pero nada me preparó para lo que estaba a punto de vivir.


Es por eso que hoy quiero compartir contigo todo aquello que me hubiera gustado saber de mi tratamiento de cáncer de mama y aunque habrá situaciones que vivas de forma única, pues cada una de nosotras somos diferentes. Lo que aquí comparto son esas cosas que estoy segura que si las hubiera sabido, habrían hecho una gran diferencia:


1. Nunca sabes lo mal que te vas a sentir en tu tratamiento


Parece mentira pero hasta que no sales del tratamiento, no te das cuenta de lo mal que te sentías.


Elegir un tratamiento médico convencional con quimioterapia, radiación y cirugía es sumamente agresivo para nuestro cuerpo y nuestra mente. Llevamos las emociones y el cuerpo al máximo y le damos una enorme cantidad de químicos que lo intoxican.


Pero como a todo, nos acostumbramos y aprendemos a vivir con un poquito de náuseas, con la boca lastimada, con el estómago sensible, con la piel seca y con dolores propios de las agujas, las inyecciones, las heridas y las cicatrices.


No se diga los dolores del alma, esos que carcomen y duelen en el corazón por estar enfermas, sintiéndonos a veces culpables, a veces enojadas y otras muchas veces con miedo.


Aunque los médicos, los que pasamos por ahí y todos te digan que te vas a sentir bien, desde ahora te digo que no. Es cierto que se trata de tener actitud y que a veces te sorprenderás de lo fuerte que eres, pero sí, duele, molesta mucho y te cansa.



2. Terminar el tratamiento no significa que estás lista


Siempre esperamos con ansiedad el término del tratamiento, es como esa meta que nos ponemos y que al llegar a ella festejamos y celebramos con gran alegría. Felicítate, festeja, celebra el haber llegado hasta ahí, pero cuídate mucho más.


Después de terminar tu tratamiento de cáncer de mama tardarás años, sí, años en estar al cien por ciento. Tu sistema inmunológico estará muy débil y ahora más que nunca debes cuidarte, descansar y tomarte los meses necesarios para recuperarte por completo.


Te recomiendo que hagas las cosas poco a poco, que empieces a comer más, poco a poco, que inicies tu ejercicio despacio, que viajes muy cuidada, que descanses más de lo que crees necesitar.


Yo me enfermé de neumonía y estuve doce días internada durante un viaje habiendo ya terminado mi tratamiento. Fue muy doloroso regresar al hospital lejos de casa y de toda mi familia. Si hubiera sabido, me hubiera cuidado mucho, mucho más.



3. Lo importante de la frase “somos lo que comemos”


La mayoría de los doctores siempre te van a decir que puedes comer de todo cuanto tienes cáncer de mama. Que lo importante es que lo hagas de manera balanceada. Yo ya cuidaba mucho la calidad de todo lo que comía y durante el proceso leí mucho sobre el papel de los lácteos, la importancia de los efectos hormonales, de la dieta alcalina y de los beneficios que tiene para sentirse mejor.


Decidí ponerme a escuchar a mi cuerpo y justo cuando me sentía mal buscaba comer mejor, con muchas frutas, verduras y líquidos. El día que descubrí que un simple caldo de pollo me hizo mal, entendí que la manera de ayudar a mi cuerpo era dándole comida sencilla de digerir y procesar, darle nutrientes que no lo hicieran trabajar de más, pues ya estaba al mil procesando medicamentos.


Yo dejé los lácteos y la carne roja. Y fue clave para sentirme bien. Hoy como de todo, me cuido mucho y sigo enfocada en la calidad de mis alimentos. Entre menos procesados mejor.


Entender el papel de la nutrición en el cáncer de mama es clave, escucha a tu cuerpo, dale lo que te pida.



4. El “Chemo brain” (efecto de la quimioterapia en el cerebro) es REAL




Sí, es real que sientes que no puedes pensar igual que antes cuando tienes cáncer de mama.


Los médicos no reconocen esto como un efecto secundario del tratamiento, pero sí que lo es y cada vez hay más evidencia al respecto.


Si bien no dejé nunca mi trabajo durante mi tratamiento, al terminar la quimioterapia me sentía un poco aguda en mi proceso de pensamiento y de solución de problemas. Fue como si de pronto estuviera en una nueva posición con nuevas responsabilidades y tareas. Me descubrí pensando en cómo hacer algunas cosas que ya sabía hacer de mucho tiempo antes. Literal me sentía “bien pendeja”.


Así que me puse a leer, entender y aceptar que era algo pasajero. Y así poco a poco regresé a ser yo misma.



5. Nunca vuelves a ser la misma después del cáncer de mama


Nuestra mente consciente se pelea por pedirle al universo que regresemos a ser la misma de antes. Con la misma energía, mismos sueños, misma fuerza, mismos compromisos y actividades.


Cuando tocamos fondo a través de un proceso como éste, es posible que nos aferremos a lo que teníamos antes. Pero nunca volveremos a ser iguales. Es cierto que una parte física regresa a su estado normal, como el pelo, la piel, las uñas… y habrá otras que queden con cicatrices que llevarás para toda la vida.


Sin embargo, lo que descubres cuando pasas por el cáncer de mama es la importancia de trabajar en tu renacimiento, tu reinvención, el rediseño de ti misma. Conectar con lo que verdaderamente te mueve, con tu misión de vida, con eso que te apasiona. Se reordenan y se aclaran tus valores, tus principios y tus sueños.


Y así nunca, nunca vuelves a ser la misma. Y terminas agradeciendo al cáncer de mama por haberte ayudado a encontrarte, a reencontrarte… ¡quién lo hubiera pensado!











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