Lo que no debes olvidar cuando tienes cáncer de mama

Actualizado: sep 8



Estas últimas semanas han sido sumamente intensas y dolorosas para el mundo, en especial para nosotros mexicanos. Temblores, huracanes y muerte nos hacen recordar y hacer consciencia de lo vulnerables que somos, de lo pequeños que somos, de lo poco que controlamos nuestra vida.


Y resulta que si pensaba que ya sabía lo que era tener miedo a la muerte, después de sobrevivir dos veces al cáncer, me doy cuenta que siempre estamos expuestos a sentirlo y vivirlo de nuevo. La vida se encarga de hacernos recordar.


Pero hay otras cosas que después de esta reflexión recordé, y es que cuando enfermamos, todo, o casi todo, se trata de nosotros. Pensamos en primera persona, sentimos en primera persona y vivimos la vida durante el proceso de enfermedad en primera persona. Es normal, somos nuestro propio centro de atención. Y, en la mayoría de los casos, las que somos afortunadas, tenemos a toda nuestra familia y amigos enfocados en ayudarnos, apoyarnos y resolver de nuestra mano todo lo que enfrentamos ante esta enfermedad. Y aunque muchas somos mamás, parejas, profesionistas, empresarias, amas de casa, hermanas e hijas, vivimos la enfermedad como algo que sólo nos sucede a nosotras, y pocas veces hacemos conciencia de que somos parte de un sistema familiar, de una comunidad y de la gran sociedad de nuestro mundo siempre.

Hoy quiero recordarte a ti que estás enferma, que estás viviendo con cáncer de mama, que sientes que tu mundo se derrumba, que vives aterrada, preocupada, triste y llena de incertidumbre, que no estás sola. Que además de todas esas mujeres que como tú están viviendo la enfermedad, hay muchas otras que sienten también el miedo a la muerte, a perder su casa, a no volver a ver a sus hijos.


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Es momento de reflexionar sobre eso que sí tienes, sobre la importancia de verte como una pequeña parte de un todo, y de valorar lo que desde tu situación puedes hacer para compartir y para ayudar a los demás. Es momento de voltear hacia fuera, de reconocer que tienes mucho que dar, aun en tu situación.


Porque se trata de dar desde el corazón, desde las palabras, desde los pensamientos y los deseos, desde la voz interior que hoy y siempre te acompaña, desde las caricias y los abrazos, desde todo eso que si puedes dar.


Porque debes recordar que hoy, algo que te llenará de felicidad y logrará distraerte de todas tus preocupaciones, aunque sea por unos momentos, es ayudar.






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